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Burning Airlines give you so much more

13 febrero 2005

Windsor al infierno !!!

La noticia del incendio del Windsor nos pilló en casa de unos amigos, ya bastante tarde por la noche. Acabábamos de terminar de cenar y estábamos echando unas risas cuando sonó el móvil de la anfitriona. Era su madre, muy nerviosa, contándole que habían estrellado un avión contra un rascacielos de la castellana.


Efectiviwonder, corriendo ponemos la tele y ahí tenemos en directo una torre ardiendo cosa mala. Nos quedamos parados contemplando las imágenes incrédulos, o peor todavía, crédulos, porque en ese momento todos dimos por válida la noticia: había sido un avión, estaba clarísimo: la torre ardiendo por todos lados, el tono catastrofista-espectacular del telediario, ...

Al rato de escuchar las noticias ya nos enteramos de que no, que era un incendio... bueno, pues mejor, menos grave la cosa, pero me quedé flipado de lo rápido que habíamos aceptado todos la hipótesis del ataque terrorista. De hecho, hubo algunos gilipollas que escribían sobre esto en algún foro, así como para meter más jaleo. No estábamos seguros de qué torre era la que estaba ardiendo, a unos nos parecía el Windsor, a otros no, y finalmente el telediario nos dijo que si, que era el Windsor.

¡Hombre! O sea que si que era el Windsor. Qué recuerdos. Trabajé en ese inmundo rascacielos hace unos años, cuando yo era uno más en una inmensa multinacional, malgastando mis horas en un mundo de lo más dilbertiano.



La verdad es que guardo recuerdos de mi vida en el Windsor, pero no son muy variados. Recepcionistas. Muchos ascensores. Tarjetas de identificación. Moqueta. Taquillas. Máquinas de "café" - mi preferido era el 27, capuccino con chocolate, eso sí que lo echo de menos-. Ordenadores. Zombies. Algún friki gracioso. Un jefe de proyecto diciéndome que yo era el "especialista en HOST" y yo preguntando "¿qué significa HOST?". Más moqueta. Fotocopiadoras. Faxes. Impresoras. Proyectos que tras dos meses de trabajo finalmente nos roba una tercera empresa también residente en el Windsor. Un oficinista que tiene una pecera en su mesa, pero el pez ha muerto porque se le ocurrió meter un cactus dentro de la pecera. Más moqueta. Electricidad estática que te despierta al tocar el pomo de una puerta. Yo, con corbata, mirando por la ventana de un piso veintitantos, fantaseando con la escena final de "El Club de la Lucha".



En fin, que viendo que no hay ninguna víctima que lamentar, no me da ninguna pena que se haya incendiado. Lo que me dió más pena fué que murieran mis amigas las máquinas de café de polvos con vasito de plástico, a las que me hice adicto para superar el aburrimiento de trabajar allí gracias a la cafeína. Por lo demás, me alegro de que ardan ordenadores y archivadores con estúpidos proyectos, manchados de horas extra.