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27 mayo 2005

Recuerdos ciclistas


La primera experiencia sobre ruedas que recuerdo de pequeño es, como no, montado en un triciclo. Creo que en el Parque Grande de Zaragoza. Un precioso triciclo de metal brillante y asiento de plástico, imitando tela escocesa a cuadros negros y rojos. Se alquilaba por horas, así que lo usaba poco, sólo cuando íbamos de paseo a ese parque y surgía la ocasión. Me encantaba, y recuerdo que me quedaba hasta grande y que a veces, derrapaba y me caía de bruces (pringsteen). Hace poco volvimos a pasar por ese parque, y ahí siguen las casetas de alquiler de bicicletas, ¡con el mismo triciclo!.

Lo siguiente que recuerdo es un fórmula-1 que piloté, creo que era rojo, de plástico, y cabía en el armario del pasillo. Molaba mucho, te sentabas dentro y dabas pedales, y tenía un volante y todo. Pero claro, finalmente me creció el culo y ya no entraba.

Fué hora de pasarse a una bici de verdad, esta vez una BH dorada, creo. Poco a poco: primero, con las ruedecitas de apoyo para ir aprendiendo, y me acuerdo del día en que las ruedecitas esas dejaron de hacerme falta, porque se fueron aflojando las tuercas: un día por la Plaza de los Sitios me pareció que iba muy fluida la cosa, miré para atrás y vi con horror que las ruedecitas se habían caído, ¡estaba sobre dos ruedas! ¡ya no era un simulacro! Presa de un ataque de pánico e inseguridad, estuve a punto de arrollar a un bebé en su carrito, afortunadamente para él pude esquivarlo y acabé frenando contra un árbol.

Después llegaron los años oscuros en los que no monté en casi ninguna bici, y al llegar a los 18 pude hacer el ridículo con Almudena al demostrar mi poca pericia con los pedales, frente a ella, ciclista experimentada, con su Yamaha querida. Finalmente logré recordar como iba el asunto y hasta nos hicimos el Camino de Santiago en bici, pero eso es otra historia...

1 Comments:

Anonymous la sombrilla insolada said...

Aquel fórmula uno también lo tuve yo. Corría más que nadie por las calles de San Lorenzo del Flumen , y que no se pusiera nada en mi camino, pues seguro que lo arroyaría. Ahora los hacen más chulos pero con menos gracia. Le pisas a un botón y aquello camina solo. Eso sí, hace un ruido de espanto que nos joroba las siestas a todo el vecindario.

5:07 p. m.

 

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