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08 julio 2005

Paseos en profundidad

Esta mañana, para celebrar que hoy es mi último día de trabajo antes de las vacaciones de verano, me he dado un homenaje a mí mismo en forma de paseo en profundidad.

¿Mandeloqué? Un "paseo en profundidad" es lo que yo llamo a otra manera de pasear por la ciudad. En lugar de limitarme a andar siguiendo las líneas rectas que son las calles, incluyo en mi paseo el interior de los edificios. Si veo una puerta abierta, me cuelo dentro y curioseo el portal, las escaleras, el ascensor, las puertas de los pisos, en fin, que mientras no me encuentre una puerta cerrada o un "prohibido el paso", pues yo continúo mi inspección.

Es otra manera de ver la ciudad. Acostumbramos a ir sólo por las calles y a entrar sólo en nuestras casas y las de nuestros amigos y familiares, pero hay todo un mundo ahí dentro, en los portales, las corralas, los patios de vecinos.

La verdad es que al principio uno se siente raro metiéndose en un edificio que no es el suyo, pero una vez vencido el tabú de atravesar una puerta ajena, agarrándose a la idea de que una puerta abierta es una invitación a entrar pero sobre todo echándole mucho morro por si sale el portero y pregunta, se le coge el gustillo. Lo de que te pueda interrogar el portero tiene su gracia, le da más emoción al asunto. Pero la cosa es estar preparado y si te sale con un "¡stop! ¿dónde va usté?" pues le respondes, como si tal cosa "al cuarto b", y en la mayoría de los casos funcionará, a menos, claro está, que ese edificio tenga sólo tres pisos, entonces quedarás como un perfecto imbécil con mucho aplomo, eso sí.

Bueno, pues mi paseo en profundidad de hoy ha tenido lugar por la calle Dr. Esquerdo, y es que había que aprovechar la casualidad de que me encontraba por ese barrio en el que pasé unos cuantos años de mi infancia. Al principio no había pensado más que pasar junto al número 37, donde vivimos unos cuantos años, pero al pasar por el portal lo vi abierto y me dije "esta ocasión hay que aprovecharla", y es que hace años que no entraba, prácticamente desde que dejé de vivir allí.

Mi táctica por si salía el portero era decir que iba a una empresa que está en el edificio, cuyo nombre memoricé leyéndolo de la placa que había en la calle. Pero no salió ningún portero, sólo había un par de tíos haciendo una obra en el portal, así que con un "buenos días" me colé hacia el ascensor. ¡Cuantos recuerdos! Ahí estaba el ascensor, tan pequeño y cutre como siempre, pero ahora más viejo y con las paredes despellejadas. Subí hasta el cuarto piso, donde vivía, y comprobé que seguía frenando bruscamente. Después, salí del ascensor y fuí a la puerta "A", nuestro piso, y ahí estaba, ancha, como hacen las puertas en ese barrio, y con la cerradura Fichet que hicimos poner nosotros al llegar. No pasé de ahí, la puerta estaba cerrada.

Después eché un vistazo a la última planta, donde está la puerta de la azotea. Un verano estuvimos subiendo a tomar el sol allí, viendo los edificios de Madrid desde arriba y la Sierra al fondo, siguiendo la calle Goya. Se terminó el día que un ladrón se coló por allí y decidieron echar el cierre a esa puerta. Así que tampoco pude salir a la azotea. En vez de eso, bajé por la escalera, mirando por el hueco la inmensa caída que hay hasta la planta sótano y por donde se me cayó por accidente un chorizo recién comprado de pequeño, con el que andaba haciendo malabarismos al salir del ascensor. Al día siguiente, probé la misma caída con una pelota de goma, que se rompió en dos pedazos al llegar al suelo.

Y salí del edificio, con otro "buenos días" a los de antes, para volver a la calle y seguir mi paseo.

Más adelante, pasé por otro edificio, uno que en su esquina tiene una empresa de confección, cerca de una tienda de miel. Pensé en entrar pero el portero me guiñó un ojo en plan picarón y cambié de opinión, seguí mi camino por Dr. Esquerdo.

La siguiente puerta abierta que me llamó la atención fué junto al portal del 67. Se trataba de un club de alterne, de esos que siempre están cerrados a cal y canto con un gorila en la puerta, una mirilla y pegatinas de las diferentes tarjetas de crédito con las que puedes pagar los whiskies que te sacan las señoritas de compañía. Siempre me pregunto cómo será un sitio de esos por dentro, y ahora estaba la puerta abierta. No entré, porque entre la puerta y yo había una reja, pero de todos modos el ambiente no invitaba mucho a pasar: un antro oscuro incluso a estas horas (las 11 de la mañana), con cortinajes rojos, una inmensa barra con muchas botellas de diferentes licores, una cama redonda de sky-polipiel, y un olor a sudor,  tabaco y perfume barato que inundaba el aire que salía. O sea, que estos sitios los ventilan por el dia.

Donde sí entré fué en el portal de la casa de al lado, en el número 67. Un lugar de pesadilla, que aunque tenía mucha luz comparando con el local de al lado, estaba formado por pasillos laberínticos que se dividían en varias ramas y escaleras de caracol que llevaban a puertas de madera arañada y patios interiores con ropa colgada. Daba miedo.

El portal del 73 también me resultó extraño, pero porque parecía de una casa de pueblo, muy sencillo y pintado de verde, a pesar de estar en Dr. Esquerdo, donde también hay edificios más ostentosos.

Y esta ha sido mi aventura de hoy. Lástima no haber llevado la cámara para hacer un reportaje, otra vez será.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Pues sí si, yo también pasé junto a unos cuantos de mis hermanos, mi etapa de 18 añitos allí, en Dr. Esquerdo nº37, fue difícil dejar Zaragoza, dejar mi pandilla, ahora que por fin, mis padres ya me dejaban salir sola,en fin, fue un día que nunca olvidaré el, 7 de Septiembre de 1985.
Vinimos en un expresso, de noche, de esos con pasillos estrechos, con gente tirada en ellos y sin poder salir a "estirar las piernas" porque eso de ser rubia y tener 18 años parecía molar en ese tren, ¡¡Que miedo!!, mi vejiga quería estallar, a ver quién era la guapa que en semejante tren se íba a mear, vamos ¡¡Ni de coña!!.
En fin, anécdotas aparte, Capitán, fueron tiempos recordables, yo paso por ahí, de vez en cuando, y creo que no llegaría a pasar del portal.

5:54 p. m.

 

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