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14 septiembre 2005

Siesta monotarea


Soy más feliz desde que duermo la siesta.

Yo antes era de esos que renegaban de esta sana tradición de dormir después de la comida. No me gustaba dormir la siesta, iba contra mi manera de ser. No se, quizá estaba demasiado obsesionado con aprovechar el tiempo y eso me parecía perderlo, aunque por otra parte sí que es cierto que algunas veces que probé a dormir la siesta, me levanté con dolor de cabeza o confundido, sin saber bien dónde estaba o qué hora del día es.

Pero ahora no. Algo ha cambiado en mi, porque estas últimas semanas he vuelto a probar a dormir la siesta, y me sienta estupendamente. No sólo no tengo la sensación de perder el tiempo sino que lo aprovecho mejor, ya que me levanto fresco y, después de un café, bien despiertito.

Eso si, una siesta monotarea, o sea, dedicándome en cuerpo y alma a dormir. Nada de "me echo cinco minutos mientras sale el café", y nada de echarme pero estando atento de no quedarme realmente dormido, para no estar más de diez minutos. No. Aquí hemos venido a dormir, así que se baja la persiana, se pone uno el pijama y, si hiciera falta, el orinal bajo la cama. Y a quedarse como un tronco. Si hasta tengo sueños y todo. Y algo se debe estar desfragmetando en mi cerebro, porque tengo como recuerdos fugaces, de sensaciones de hace muchos años. Qué gozada.

Dice la Wikipedia que personajes ilustres como Albert Einstein o Winston Churchill también se echaban buenas siestas. Pues mira tú que bien, me alegro por ellos.

En fin, que si seguís siendo de los que evitan la siesta, os aconsejo que le deis una segunda oportunidad.