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22 octubre 2005

Wifeando por Lavapiés, capítulo 3

Láaaastima que terminó eeel talleeeer de hooooyyyy...

Pues si, todo lo bueno se acaba, y ya ha llegado a su fin esta semana de intensa actividad en el taller de wireless. Una pena, porque nos lo hemos pasado muy bien aprendiendo tantas cosas.

El último día, ayer, lo pasamos en el hacklab Cielito Lindo, fabricando nuestras propias antenas. La mayoría de ellas fueron creadas con botes de Pringles, la mía con un bote de lecitina de soja, otro la hizo con una lata de barquillos y hubo hasta quien trajo una antena parabólica que encontró en la basura.

Para otro tipo de antenas se usaron CD cubiertos de papel de plata y un cable con forma de símbolo de infinito.

Un rato más tarde y unos cuantos gramos de patatas pringles, galletas de chocolate y cerveza más en mi cuerpo, salimos a la calle a probar las antenas, usando dos ordenadores portátiles, en uno de ellos cada antena a probar y en el otro el programa de medición wavemon, a ver qué diferencia de señal había usando cada antena.

Y ahora, me toca probar la antena que fabriqué, que por lo visto no me salió mal del todo, para ser la primera... He visto que aunque mi router Comtrend (el que instala Jazztel últimamente con el ADSL de 4 Mb) tiene sólo una antena, que no se puede desenroscar, al abrir el router (bajo las patas de goma están los tornillos), se puede ver que la placa interna viene con un conector para una segunda antena. No se si estará deshabilitada en el firmware, pero allí probaré a conectar mi antena, o si no, desenchufaré la otra. Y una vez puesta mi antena, asomada a la ventana, bajaré a la calle con el portátil a medir hasta dónde llega. Ahora sólo me falta hacerme o comprar el cable, "pig-tail".



Joan tiene más historias sobre este taller aquí y aquí.